La red es una herramienta en constante evolución que busca encontrar la mejor manera de clasificar y de ordenar información. Una de las formas que se creyó mejor para ese fin se evidencia en la lógica del hipertexto que se origina con los hipervínculos. Estos son enlaces que llevan al usuario a otra página, recurso multimedia y demás con solo hacer un clic. Nace entonces el hipertexto, un texto compuesto por enlaces que hacen de la navegación en la red una experiencia personalizada y dinámica como ninguna otra.
La dinámica que esto permite es muy positiva porque impulsa otras maneras de aprender pero no cumple los requisitos para todos los tipos de lectores, quienes se distraigan fácilmente, pueden terminar más enredados de lo que seguramente empezaron, pero para aquellos que disfruten complementar lo que buscan a partir de distintas perspectivas y visiones, resultará muy adecuado. No es fácil entender estas nuevas dinámicas ni mucho menos verlas reflejadas en novelas completas, el problema es que el usuario puede terminar ahogado en medio de una red informática despiadada e interminable.
Lo que sucede es que es muy fácil perder el hilo del tema principal de lo que se está evaluando porque los clics pueden acabar llevando al lector a temas muy alejados de lo importante, sin que este sepa cómo regresar, por eso es importante que las páginas cuenten con hipervículos de orientación, navegación, puntos de entrada y salida como lo afirme George Landow.
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