miércoles, 12 de febrero de 2014

Semana 3

Si hay algo preocupante, es que no todos los usuarios de la red tienen la conciencia de cómo acceder y manejar la información que reciben de la misma. Por eso, es necesario aprender a identificar ciertos criterios que permitan discernir o aceptar aquello que se está ofreciendo para que la experiencia cognitiva que pueda darse luego de apropiar la correcta información, sea divertida, dinámica y apropiada.

Somos muy pocos los que hemos experimentado el proceso de evaluar páginas web referentes a temas variados, la red es tan efímera y veloz, que como usuarios, hemos perdido la habilidad de discernir sobre lo falso y lo verdadero, y sobre lo positivo y lo negativo. Vivimos con tanto afán, que no nos detenemos a pensar si aquello que leemos o vemos nos construye o no como persona, y más importante aún, como sociedad. Creo que como usuarios, no hemos entendido la importancia de desechar aquello que no funciona porque es definitivamente erróneo, pero si por un momento nos detenemos a meditar acerca de los datos que nos explotan la cabeza día a día, vamos a poder dejar atrás por fin, la sociedad de la fácil y lo simplista, lograremos superar la mediocridad. Quizá, ese es el problema que no hemos comprendido, que la cultura de lo inmediato nos está consumiendo, y no hemos sido capaces de encontrar el punto en el que nos dediquemos verdaderamente a pensar en lo que somos, y lo que somos va mucho más allá del imaginario que creamos en la red.

Por otra parte, hay una cosa sobre la que pocos se han puesto a pensar; el crédito que debe dárseles a los diferentes autores o instituciones que aparecen no solo en la red, sino también en los libros, revistas, catálogos y demás. Poca conciencia se tiene sobre esto en el ámbito educativo y muchas veces no es porque no se recomiende, sino porque no se enseña la manera correcta de citar o de ofrecer información bibliográfica sobre el tema que se esté tratando. La ironía está en que los profesores exigen que este procedimiento se ejecute, pero a veces ni ellos mismos saben proceder correctamente, y si lo saben, no lo aplican a través de la tecnología que facilita y permite hacerlo correctamente. 


Surgen entonces las normas APA, unas normas retomadas por las ciencias humanas y que intervienen en el respecto anterior, y añaden formas y códigos para lograr una escritura correcta y apropiada. Leerlas y aplicarlas resulta una tarea titánica, pero es cuestión de práctica y de adaptación a las mismas para que la escritura no impida que cualquier persona manifiesta aquello que siente o que necesita decir. Por eso, poco a poco, los usuarios de la red, nos volveremos más hábiles en la tarea de citar y de escribir, una vez sepamos adaptar dichas normas a nuestros escritos.

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